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Museo del prado arquitecto
Museo thyssen-b
La luz natural, tan necesaria y a la vez peligrosa en un edificio de este carácter, nos llegaría desde la parte superior de los diferentes espacios. Tragaluces de geometría orgánica y variable según su ubicación serían los encargados de permitir la iluminación de los espacios interiores. La luz, quizás, tomaría el aspecto de la luz filtrada por las hojas de los árboles.
Los diferentes usos de la nueva ampliación del Museo del Prado se disponen en el espacio intermedio entre la arruinada Iglesia de los Jerónimos y el Hospital Villanueva, sede de la colección permanente. El programa se distribuye en piezas de escala variable, concatenadas entre sí de forma natural y fluida, pudiéndose intuir que podría haber una cierta versatilidad de uso en muchas de ellas.
Su trazado nos recuerda en cierto modo a los característicos parterres del jardín ilustrado francés, donde una geometría cartesiana domesticaba la vegetación en su origen salvaje para dotarla de cualidades casi urbanas para el disfrute de las personas. Este tipo de recorridos se puede apreciar muy notablemente en el cercano Jardín Botánico y en el Parque del Retiro.
Museo guggenhe de bilbao
La colección comprende actualmente unos 8.200 dibujos, 7.600 pinturas, 4.800 grabados y 1.000 esculturas, además de otras muchas obras de arte y documentos históricos. En 2012, el museo exponía unas 1.300 obras en los edificios principales, mientras que unas 3.100 obras estaban en préstamo temporal a diversos museos e instituciones oficiales. El resto estaba almacenado[4].
El edificio que hoy alberga el Museo Nacional del Prado fue diseñado en 1785 por el arquitecto de la Ilustración en España Juan de Villanueva por orden de Carlos III para albergar el Gabinete de Historia Natural. Sin embargo, la función definitiva del edificio no se decidió hasta que el nieto del monarca, Fernando VII, animado por su esposa, la reina María Isabel de Braganza, decidió destinarlo a un nuevo Real Museo de Pinturas y Esculturas. El Real Museo, que pronto pasaría a llamarse Museo Nacional de Pintura y Escultura, y posteriormente Museo Nacional del Prado, abrió al público por primera vez en noviembre de 1819. Se creó con el doble objetivo de mostrar las obras de arte pertenecientes a la Corona española y de demostrar al resto de Europa que el arte español tenía el mismo mérito que cualquier otra escuela nacional. Además, este museo necesitó varias reformas durante los siglos XIX y XX, debido al aumento de la colección así como al incremento del público que quería ver toda la colección que albergaba el Museo[6].
Museo nacional de arte de c
El edificio existente -que albergaba el Museo del Ejército hasta su reciente traslado al Alcázar de Toledo- es un conglomerado histórico, cuyo valor no reside en ser «original», sino en ser un palimpsesto, algo formado por la acumulación de partes, con el paso del tiempo. Esto determinó el diseño, que consiste en redefinir los espacios interiores del edificio y dejar su aspecto exterior prácticamente intacto. La única excepción a este planteamiento general se encuentra en la fachada sur, que se despoja parcialmente de su ornamentación historicista para dar paso a un sistema de grandes ventanales abatibles, que pueden abrirse y cerrarse por completo, según la época del año y la interacción prevista con la calle.En cuanto al interior, se transforma mediante una serie de demoliciones estratégicas y adiciones funcionales. Las intervenciones más importantes son: la creación de un pasillo público que atraviesa el edificio transversalmente, en continuidad con la calle Alfonso XI; la erección de un atrio de triple altura en el ala sur, que abre el edificio a una nueva plaza frente al Casón del Buen Retiro; la puesta en valor del histórico Salón de Reinos; y la formación de una nueva galería en el ático que enriquecería el repertorio de espacios expositivos del Museo del Prado…[+].
Museo picasso
El rey Carlos III de España iba a pasar a la historia como el mejor alcalde que ha tenido Madrid, gracias a sus esfuerzos por mejorar y modernizar la capital de España en el siglo XVIII. Fue su idea construir una «Ciudad de las Ciencias» a lo largo del ya conocido como Paseo del Prado, una avenida que había sido diseñada para los paseos en carruaje a las afueras de Madrid. Incluiría una Facultad de Medicina con un hospital adyacente, un jardín botánico, un observatorio astronómico y un Museo de Ciencias Naturales.
El Prado, que en principio era el museo de ciencias naturales, fue diseñado por el arquitecto Villanueva en el típico estilo neoclásico de la época. Era de planta rectangular, con tres entradas principales -una en el centro y otra en los extremos- y con un gran vestíbulo en su interior con una hermosa cubierta de cristal que proporcionaba mucha luz. Años más tarde, el rey Fernando VII, influenciado por su esposa Isabel de Braganza, decidió convertirlo en una galería de arte y trasladó allí la Colección Real. La colección ha crecido a lo largo de los años, llevando al Museo del Prado a convertirse en una de las mayores pinacotecas del mundo.

