Isabel la catolica y fernando

Juana de castilla

Isabel I (22 de abril de 1451 – 26 de noviembre de 1504)[2] fue reina de Castilla desde 1474 hasta su muerte en 1504, reinando sobre una España dinásticamente unificada conjuntamente con su marido, el rey Fernando II de Aragón. Fue reina de Aragón tras la ascensión de Fernando en 1479. Juntos son conocidos como los Reyes Católicos[3].

Tras una lucha por reclamar el trono, Isabel reorganizó el sistema de gobierno, llevó el índice de criminalidad al más bajo de los últimos años,[4] y liberó al reino de la enorme deuda que había dejado su hermanastro el rey Enrique IV. El matrimonio de Isabel con Fernando en 1469 sentó las bases de la unificación de facto de España. Sus reformas y las que hizo con su marido tuvieron una influencia que se extendió mucho más allá de las fronteras de sus reinos unidos.

Isabel y Fernando son conocidos por completar la Reconquista, por emitir el Decreto de la Alhambra que ordenaba la expulsión masiva de judíos y musulmanes de España, por establecer la Inquisición española, por apoyar y financiar el viaje de Cristóbal Colón en 1492 que condujo al descubrimiento del Nuevo Mundo por parte de los europeos, y por el establecimiento de España como una gran potencia en Europa y gran parte del mundo durante más de un siglo. [5] El Papa Alejandro VI concedió a Isabel, junto con su marido, el título de «monarca católica», y la Iglesia Católica la reconoció en 1974 como sierva de Dios.

Isabel i de castilla

El término Reyes Católicos[a][b] se refiere a la reina Isabel I de Castilla[1] y al rey Fernando II de Aragón, cuyo matrimonio y gobierno conjunto marcó la unificación de facto de España[2] Ambos pertenecían a la Casa de Trastámara y eran primos segundos, pues ambos descendían de Juan I de Castilla; para eliminar el obstáculo que esta consanguinidad hubiera supuesto para su matrimonio según el derecho canónico, recibieron una dispensa papal de Sixto IV. Se casaron el 19 de octubre de 1469 en la ciudad de Valladolid; Isabel tenía dieciocho años y Fernando un año menos. La mayoría de los estudiosos aceptan que la unificación de España se remonta esencialmente al matrimonio de Fernando e Isabel.

España se formó como una unión dinástica de dos coronas y no como un estado unitario, ya que Castilla y Aragón permanecieron como reinos separados hasta los decretos de Nueva Planta de 1707-1716. La corte de Fernando e Isabel estaba en constante movimiento, con el fin de reforzar el apoyo local a la corona por parte de los señores feudales locales. El título de «Reyes Católicos» fue otorgado oficialmente a Fernando e Isabel por el Papa Alejandro VI en 1494,[3] en reconocimiento a su defensa de la fe católica en sus reinos.

Isabella i of castile children

Although in its origin the union was dictated by reasons of political convenience, from the first moments a special rapport was noticed between the spouses. In the case of Ferdinand, especially in the initial phases of the marriage, when in his letters to the queen he alluded to the pain caused by the separation or presented himself as a scorned lover; Isabella, more discreet but also more constant, was evidenced by her recurrent outbursts of jealousy.

Catalina de aragón

Biografía de Isabel la Católica. Los Reyes Católicos, inseparables en la vida y en la historia. A ellos se debe el inicio de la unificación de España como país, y el descubrimiento de América en 1492.

Para muchos historiadores y estudiosos, Isabel es la más grande de las reinas de España. En realidad, después de Isabel y Fernando, España fue gobernada por reyes extranjeros. Muchos creen que esto cambió el curso de la historia de este gran país.

De nuevo Enrique IV intentó concertar un matrimonio de Isabel con Alfonso V, rey de Portugal. La propuesta de Enrique IV incluía la cláusula de que su hija Juana se casaría con el hijo de Alfonso V de Portugal.

Entonces estalló la guerra entre los partidarios de Isabel y los de su sobrina Juana, hija de Enrique IV y Juana de Portugal. Se llamó «guerra de sucesión» y duró cuatro años, de 1475 a 1479.

Aprovechando la ausencia de la reina Isabel, que había ido a visitar al poderoso cardenal Mendoza, unos provocadores, disfrazados de campesinos, arengaron a la población para que destituyeran al alcaide y pusieran al anterior en su lugar.